El testamento de Carlos Castaño
(Semana) En septiembre de 2002, Carlos Castaño era la cabeza visible de
las Autodefensas Unidas de Colombia. Un grupo armado que, según las
cuentas del propio Castaño, gastaba 5,7 millones de dólares mensuales
en su sostenimiento y tenía 12.000 hombres en armas. Una agrupación que
se financiaba con el narcotráfico (el 70 por ciento de sus ingresos),
con robo de combustible a Ecopetrol, las extorsiones y los secuestros
(262 solamente en 2001). En síntesis, era una de las organizaciones
criminales más poderosas en la historia del país. Pero Carlos Castaño,
el hombre que se convirtió en el símbolo de la lucha anti-guerrillera,
no estaba tranquilo, sino atormentado. Esto se deduce de los miles de
cartas y correos electrónicos hallados en la USB de Castaño que fue
entregada a los fiscales de justicia y paz por Éver Velosa, alias 'H.
H.', otrora mano derecha de Carlos y de su hermano Vicente.
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