Vergüenza ajena
(Por: Aura Lucía Mera) Me imagino toda Colombia convertida en un gigantesco hospital...
ejecutivos, adolescentes, amas de casa, vendedores informales, estudiantes universitarios, sardinos en edad de merecer, hijos de papi y gamberros, periodistas, poetas, filósofos, historiadores, políticos y politicastros tendidos en camas, remitidos por un “Tribunal de Castigo Terapéutico”, sometidos a jueces-terapistas sacados como el conejo del sombrero, sicólogos improvisados y enfermeras tratándolos como enfermos-delincuentes. Sería la paralización del país. A lo mejor nos convendría. Nadie puede salir de las asépticas —se supone— salas de reclusión terapéutica. A las buenas o a las malas, el que se fume un cacho, se meta una línea con un billete doblado o una tarjeta de crédito, se fume un basuco, será llevado directamente al “Juez Terapéutico” quien decidirá en qué lugar lo encana durante algunos meses.
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