Hacia una nueva seguridad democrática

[...] Tras siete años, sus logros son indiscutibles. La intensidad del conflicto se redujo, las guerrillas se replegaron y su amenaza sobre las ciudades disminuyó notoriamente. Más de 30 mil paramilitares se desmovilizaron y los índices de homicidio y secuestro descendieron. No obstante, no es seguro que las fórmulas que funcionaron en este período sigan haciéndolo más adelante. No son pocos los análisis, de índole académico, que así lo comprueban. Una investigación próxima a publicarse, del Centro de Recursos para el Análisis de los Conflictos (Cerac), plantea por ejemplo que la seguridad democrática ya da síntomas de agotamiento.

Esa política ha demostrado sus limitaciones en la consolidación del Estado de Derecho en territorios arrebatados a los actores armados. Regiones que antes estaban bajo el poder de guerrillas o paramilitares, hoy siguen siendo objeto de control y disputa de grupos rivales o de bandas emergentes. Los datos del Cerac muestran que la actividad de los nuevos grupos paramilitares creció tras la terminación del proceso de negociación y desmovilización. La estrategia, pues, ha sido buena en expulsar a la guerrilla, pero insuficiente en fortalecer las labores de regulación, control e integración del Estado colombiano.


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